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La batalla de Piribebuy

Triste guitarra El 11 de agosto del 69 Era una noche de yvytú vevúi; El trovero andante con su cantar conmueve A las bellas damas de Piribebuy. Se oye el rasgueo en la noche callada Sonoros arpegios y el mbaracapú, Poeta errante cantando a la amada Allí en la ventana de su mborayihú. Y ya la batalla el 12 de agosto Allí perecieron jhetá recové Así rememora el tiempo remoto Cantando historia uperó guaré. La noche es muy triste después del entrevero, Ya nadie ni un alma para algún ñembo’é El urutaú se queja con voz lastimera Con su lamento, cada pyjharé. Ya murieron todos, esposos y amantes, Allí en las trincheras todos oyopojhéi También cayó muerto aquel bohemio andante Más ya no se oye, más su purajhéi. La triste guitarra callada sin notas Tirada en el suelo en un yguyràguy Sus cuerdas se humedecen, y ya caen gotas Tal vez el rocío, o algún tesay. Elsa Romero me leyó esta poesía mientras me iba traduciendo cada palabra ...

Hay cosas que todavía sigo sin comprender

Hay cosas que todavía sigo sin comprender Como a la mayoría de los argentinos siempre me gustó el fútbol. Como a la mayoría, desde muy chico me regalaron una pelota y una camiseta. Y yo me la pasaba jugando a la pelota todo el día. Además me encantaba ir a la cancha. Mi abuelo y mis tíos siempre me llevaban a ver los partidos. Pero hay algo que no entiendo. Hay algo que todavía sigo sin comprender. En 1978 Argentina organizó el mundial. En ese entonces tenía cinco años. Me acuerdo de muchas cosas de ese mundial. La presentación en la cancha de River  con los chicos  formando figuras me había parecido espectacular. La musiquita esa, la que pasaban todo el día: “25 millones de argentinos, jugaremos el mundial. Mundial…” y la otra también, la que compuso Ennio Morricone, estaba todo el tiempo tarareando cualquiera de las dos. Y cuando empezaron los partidos no se hablaba de otra cosa. Yo no entendía nada, pero escuchaba hablar sobre Luque, Bertoni, Fillol. Y cuando Argen...

El gitano

El gitano Ayer leí una noticia en los diarios que me dejó helado. Un hombre había matado a martillazos a su esposa. El hecho de por sí horroroso, no me causó tanto impacto sino hasta que leí el nombre de la mujer: Catalina Denari. La conocía. Y no sólo eso, de alguna manera sabía que algo así le iba a suceder. Ella también lo sabía. Catalina había venido desde Corrientes a estudiar abogacía. Era muy linda (todavía no puedo creer que tenga que referirme a ella en tiempo pasado) tez blanca, aunque siempre tenía un leve bronceado, boca delicada, ojos pensativos color café y el pelo castaño claro, de ese color que tienen los que de chicos fueron rubios. Era fina hasta para tomar mate. Nos hicimos amigos, juntos empezamos a recorrer los bares y boliches de Buenos Aires. No éramos novios, pero nuestra relación se había convertido en algo muy parecido a eso, y si no llegamos a más, fue porque ninguno de los dos quería compromisos. Éramos libres viéndonos y saliendo cuando quisiéramos...

Una declaración de no amor

Una declaración de no amor Hoy me di cuenta que ya no te quiero Así, de repente Y desde ese momento No hago otra cosa que hacer fuerzas Por volver a sentir lo que sentía Pero es en vano Sin darme cuenta te dejé de amar O de sentir eso, qué quién sabe si era amor Pero era algo A veces lindo, a veces no Pero era algo Ahora ese algo ya no está Se fue Desapareció Y escribo no para confirmar lo que siento Todo lo contrario Escribo para intentar volver a sentir eso que sentía Pero es en vano, mi amor, es en vano No me sale natural ya escribir sobre tus manos, tu mirada, tu sonrisa Algo ya no existe Algo ya se fue Algo que no sé bien si era amor Pero era algo Y aunque no haga otra cosa que hacer fuerzas Para volver a sentir eso que sentía Y aunque escriba para que eso vuelva Para que ocupe el lugar de privilegio que tenía Me parece que es en vano No me brota natural ya la poesía ...
El misterioso caso de la chica de Canopus “¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido de amores  por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mía, y que se ha ido… ¿Mi secreto? Te lo diré al oído:…” Amado Nervo Cuando escuchamos acerca de una tragedia o un accidente tendemos a suponer que siempre les pasan a otros. Creemos que somos inmunes, que el sufrimiento es ajeno. Hasta que nos ocurren y nos damos cuenta de lo terrible que es vivir alguna de esas situaciones inesperadas. Estos hechos nos cambian para siempre, suelen ser puntos de inflexión que nos afectan hasta el día de nuestra muerte. El espíritu nunca más vuelve a ser el mismo y a veces hasta nos dejan secuelas físicas. El amor es otra situación inesperada que también nos deja una huella de por vida. Aunque este sentimiento no es tan común que ocurra, y por lo general, puede no llegar a ser tan terrible. El hecho principal por el cual el amor es tan valioso, es que siempre existe...

El día que mataron a John Lennon

El día que mataron a John Lennon Hay días que quedan para siempre en nuestra memoria. Era chico, tenía 7 años. Vivía en Salta. En la tele pasaron una noticia que paralizó todo: anunciaban que habían asesinado a un tal John Lennon. Un músico, un tipo que parecía ser importante porque todos estaban como conmocionados. Desde los periodistas, mi mamá, mis abuelos, mis tíos. Todos. Mostraban imágenes y todo el mundo estaba triste y parecía no entender que había pasado, o no querían creer. Yo no entendía el porqué de tanta conmoción y llanto. No sabía quien era ese tipo. Le pregunté a mi mamá y me dijo que era uno de los Beatles, el grupo de música más grande que existió. Por la solemnidad con que me lo dijo yo me imaginé que eran como una especie de semidioses musicales a los que había por poco que venerar. Fue la primera vez que escuchaba ambos nombres: el de John Lennon y el Los Beatles. Ese recuerdo quedó ahí. En ese momento si bien la música me gustaba mucho, (¿habrá alguien q...

A vos no

A vos no Sos como una princesa sin corona La que no lo quiere aceptar La chica hermosa que no se hace cargo La que un día me miró y que no se dio cuenta de lo que me hicieron esos ojos O capaz que si Que me miraste así a propósito Lo que si sé Es que sos la protagonista indiscutible de mis sueños A veces pienso que a vos te pasa lo mismo A veces siento que también te morís de ganas por uno de mis besos Dame una señal Otra No las veo Estoy ciego, perdido dentro de tu personalidad Y no tengo ganas de andar escribiéndote todo un libro de poesías, no A vos no A vos tengo ganas de abrazarte De sentir bien de cerca el olor a menta de tu risa Y dejarme de joder Y de una vez por todas Romperte bien despacito la boca de un beso. MJS