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El Fantasma del Gran Hotel Viena

El Fantasma d el Gran Hotel Viena Para pasar el tiempo en los viajes largos con mi hermana habíamos inventado un juego que era como una especie de escondidas en un mapa. Usábamos uno de esos mapas grandotes de Argentina del Automóvil Club. Cada uno, por turno, elegía un pueblo o ciudad para que el otro lo encontrara. Horas no pasábamos jugando a eso. Así descubrí que existe un Londres en Argentina y así fue también que lo terminé conociendo. También pude observar que entre Córdoba y Santiago del Estero estaba la laguna más grande del país. Le iba a ser difícil encontrar a mi hermana un pueblito entre los muchos que me imaginé a primera vista que había en el margen de toda esa costa de Mar Chiquita. Para mi sorpresa había sólo uno. Con el calor que hace por esos lugares ¿Cómo era que no estaba lleno de ciudades como para veranear y meterse en semejante laguna? Con el tiempo descubrí por qué. Fue en una película llamada Balnearios que oí por primera vez la historia del “Gran Hotel...

La Pachamama

La Pachamama Mi abuelo me contaba siempre esta historia: Un par de hombres estaba cazando peludos cerca del Bermejo. Había luna llena y peludos por todos lados. Se cansaron de cazar. Ya no les cabían más en las bolsas que habían llevado. - Vamos compadre, ya cazamos muchos, suficiente por hoy. - ¡No! ¡Hay que aprovechar! No todas las noches vamos a tener esta suerte. -Volvamos. ¿Para qué queremos más? Uno quería volverse; el otro, porfiado, quedarse. Estaban en eso cuando se les aparece un peludo. Ahí, cerquita, a menos de cinco metros y se les para en dos patas con las dos manitos adelante y los miraba. El que se quería quedar agarró la escopeta, le apuntó y gatilló. El disparo no salió y el peludo se fue. El cazador seguro que habrá puteado (eso lo agrego yo).La escopeta le había funcionado perfecta toda la noche. Ahí nomás cambió el cartucho. Hicieron unos metros más y el mismo peludo se les aparece de nuevo. Y se les vuelve a parar otra vez en dos patas, con las dos manito...

Hace mucho tiempo que no escribo una poesía

Hace mucho tiempo que no escribo una poesía ¿Será porque dejé de ver amaneceres? ¿Será porque la luna ya no me cautiva? Creo que no debe ser por eso No, no es por eso Es que hay días que con sólo verte es suficiente Y no es necesaria la poesía: Describirte de mil maneras diferentes Inventar metáforas ridículas que nunca jamás podrán suplantar tu nombre ¿Y para qué escribir poesías después de todo? ¿Para callar mi mente? ¿Para que mi corazón no hable? Pero no sé por qué Hoy se me ocurrió intentar escribir una poesía Será que te volví a ver después de mucho tiempo ¿Pero cómo hacer para describir tu hermosura? No tengo el talento suficiente Tampoco con una poesía alcanzaría Se me ocurre compararte con mil amaneceres Con la luminosidad de la luna Y entonces se me dibuja tu sonrisa en mi mente Y el infinito de tus ojos Y tu alma, lo maravillosa que es tu alma Y entonces mi corazón me recuerda Porque es que hace mucho tiempo que no escribo una...

La batalla de Piribebuy

Triste guitarra El 11 de agosto del 69 Era una noche de yvytú vevúi; El trovero andante con su cantar conmueve A las bellas damas de Piribebuy. Se oye el rasgueo en la noche callada Sonoros arpegios y el mbaracapú, Poeta errante cantando a la amada Allí en la ventana de su mborayihú. Y ya la batalla el 12 de agosto Allí perecieron jhetá recové Así rememora el tiempo remoto Cantando historia uperó guaré. La noche es muy triste después del entrevero, Ya nadie ni un alma para algún ñembo’é El urutaú se queja con voz lastimera Con su lamento, cada pyjharé. Ya murieron todos, esposos y amantes, Allí en las trincheras todos oyopojhéi También cayó muerto aquel bohemio andante Más ya no se oye, más su purajhéi. La triste guitarra callada sin notas Tirada en el suelo en un yguyràguy Sus cuerdas se humedecen, y ya caen gotas Tal vez el rocío, o algún tesay. Elsa Romero me leyó esta poesía mientras me iba traduciendo cada palabra ...

Hay cosas que todavía sigo sin comprender

Hay cosas que todavía sigo sin comprender Como a la mayoría de los argentinos siempre me gustó el fútbol. Como a la mayoría, desde muy chico me regalaron una pelota y una camiseta. Y yo me la pasaba jugando a la pelota todo el día. Además me encantaba ir a la cancha. Mi abuelo y mis tíos siempre me llevaban a ver los partidos. Pero hay algo que no entiendo. Hay algo que todavía sigo sin comprender. En 1978 Argentina organizó el mundial. En ese entonces tenía cinco años. Me acuerdo de muchas cosas de ese mundial. La presentación en la cancha de River  con los chicos  formando figuras me había parecido espectacular. La musiquita esa, la que pasaban todo el día: “25 millones de argentinos, jugaremos el mundial. Mundial…” y la otra también, la que compuso Ennio Morricone, estaba todo el tiempo tarareando cualquiera de las dos. Y cuando empezaron los partidos no se hablaba de otra cosa. Yo no entendía nada, pero escuchaba hablar sobre Luque, Bertoni, Fillol. Y cuando Argen...

El gitano

El gitano Ayer leí una noticia en los diarios que me dejó helado. Un hombre había matado a martillazos a su esposa. El hecho de por sí horroroso, no me causó tanto impacto sino hasta que leí el nombre de la mujer: Catalina Denari. La conocía. Y no sólo eso, de alguna manera sabía que algo así le iba a suceder. Ella también lo sabía. Catalina había venido desde Corrientes a estudiar abogacía. Era muy linda (todavía no puedo creer que tenga que referirme a ella en tiempo pasado) tez blanca, aunque siempre tenía un leve bronceado, boca delicada, ojos pensativos color café y el pelo castaño claro, de ese color que tienen los que de chicos fueron rubios. Era fina hasta para tomar mate. Nos hicimos amigos, juntos empezamos a recorrer los bares y boliches de Buenos Aires. No éramos novios, pero nuestra relación se había convertido en algo muy parecido a eso, y si no llegamos a más, fue porque ninguno de los dos quería compromisos. Éramos libres viéndonos y saliendo cuando quisiéramos...

Una declaración de no amor

Una declaración de no amor Hoy me di cuenta que ya no te quiero Así, de repente Y desde ese momento No hago otra cosa que hacer fuerzas Por volver a sentir lo que sentía Pero es en vano Sin darme cuenta te dejé de amar O de sentir eso, qué quién sabe si era amor Pero era algo A veces lindo, a veces no Pero era algo Ahora ese algo ya no está Se fue Desapareció Y escribo no para confirmar lo que siento Todo lo contrario Escribo para intentar volver a sentir eso que sentía Pero es en vano, mi amor, es en vano No me sale natural ya escribir sobre tus manos, tu mirada, tu sonrisa Algo ya no existe Algo ya se fue Algo que no sé bien si era amor Pero era algo Y aunque no haga otra cosa que hacer fuerzas Para volver a sentir eso que sentía Y aunque escriba para que eso vuelva Para que ocupe el lugar de privilegio que tenía Me parece que es en vano No me brota natural ya la poesía ...